Extranjería
Artículo de La Opinión de Murcia donde la autora hace una reflexión acerca del fuerte debate sobre extranjería que ha surgido a raiz de la llegada de las elecciones.
Es cierto, como afirma la vicepresidenta del Gobierno, que la inmigración no es un problema; sin embargo, también es cierto que la inmigración puede generar problemas y más cierto aún es que ninguna política podrá evitar, en términos absolutos, que este fenómeno resulte problemático. Es problemático en sentido doble; por una parte, está el hecho de la adaptación del inmigrante que llega de otra cultura; por otra parte, está el hecho de la aceptación hacia el inmigrante por parte de la población receptora. Aunque ambos hechos están interrelacionados, no hay que olvidar que el nivel económico tiene enorme relevancia a la hora de que la adaptación-aceptación resulte más o menos problemática. El grado de adaptación, así como el grado de aceptación resultan inversamente proporcionales en función del nivel económico: si el nivel es alto, el grado de aceptación es mayor y, en consecuencia, el grado de adaptación puede ser menor. Así que, en conclusión, cuando hablamos de los problemas relacionados con la extranjería, nos referimos a los que se generan del encuentro de la población autóctona con un conjunto de individuos de nivel económico bajo que vienen de otras culturas a buscarse la vida.
Es cierto, como afirma la vicepresidenta del Gobierno, que la inmigración no es un problema; sin embargo, también es cierto que la inmigración puede generar problemas y más cierto aún es que ninguna política podrá evitar, en términos absolutos, que este fenómeno resulte problemático. Es problemático en sentido doble; por una parte, está el hecho de la adaptación del inmigrante que llega de otra cultura; por otra parte, está el hecho de la aceptación hacia el inmigrante por parte de la población receptora. Aunque ambos hechos están interrelacionados, no hay que olvidar que el nivel económico tiene enorme relevancia a la hora de que la adaptación-aceptación resulte más o menos problemática. El grado de adaptación, así como el grado de aceptación resultan inversamente proporcionales en función del nivel económico: si el nivel es alto, el grado de aceptación es mayor y, en consecuencia, el grado de adaptación puede ser menor. Así que, en conclusión, cuando hablamos de los problemas relacionados con la extranjería, nos referimos a los que se generan del encuentro de la población autóctona con un conjunto de individuos de nivel económico bajo que vienen de otras culturas a buscarse la vida.
Ignorar que existe una dimensión excremental en la población que segrega racismo y xenofobia es como negar la evidencia de que en los seres humanos anidan el miedo y la mezquindad. Frente a este hecho, los individuos que gobiernan o pretenden gobernar un país pueden hacer dos cosas. Una, excitar y alimentar las bajas pasiones de la gente para obtener beneficios personales o partidarios. Dos, intentar liberar a esa misma gente de miedos y mezquindades para convertirlos en ciudadanos libres. La primera es una opción miserable, la segunda es una opción respetable.
El reto está en conseguir que la adaptación-aceptación resulte lo menos problemática posible, por lo que no está mal que el tema de la inmigración salga a debate en campaña electoral.
El reto está en conseguir que la adaptación-aceptación resulte lo menos problemática posible, por lo que no está mal que el tema de la inmigración salga a debate en campaña electoral.

Lo fácil es copiar medidas que otros países del entorno y del mismo color político han propuesto o adoptado. Lo difícil es reconocer que esas medidas no sólo no evitan problemas sino que los generan.
En términos de adaptación, las opciones son dos: integración o asimilación. Yo, ya lo he escrito, desde una visión poco colorista y poco folclórica, entiendo que en la relación individuo-cultura el primero es el poseedor y la segunda es lo poseído. Y no al revés. Pese a que se suele entender lo contrario, las personas son poseedoras de cultura(s), la(s) cultura(s) no poseen a las personas. Por eso prefiero la asimilación y no me parece inconveniente que se cambie de cultura como se cambia de camisa. Puede incluso resultar higiénico. Más higiénico aún sería, si fuera posible, ir a pelo, sin camisa y sin cultura, pero asumo que no somos espíritus puros, que estamos donde estamos o venimos de donde venimos y que tenemos ciertos arraigos, ciertos hábitos que casi forman parte de la piel y que contribuyen de tal forma a la identidad, que perderlos resulta perderse. Hay gente, la mayoría, a la que no le gusta perderse y que, para evitar ese riesgo, se aferra a lo colectivo, a lo comunitario. Así se sienten seguros. Por eso la asimilación tiene tan mala prensa.
La vía de la integración es políticamente más correcta y todas las iniciativas persiguen ese objetivo. Unas por la vía de la disuasión, otras por las bravas. La propuesta programática del PP va en el último sentido, pero no es suficientemente valiente, además de intencionadamente confusa. Con un análisis superficial nos damos cuenta de que, en realidad, la propuesta no va dirigida a todos los inmigrantes (dejando aparte el dato del nivel económico), sino que va directamente dirigida contra los inmigrantes musulmanes. La exigencia de aprender español no se refiere ni a posibles y futuros beckams ni a los ingleses de Polaris World, y tampoco incluye a los inmigrantes procedentes de países del ámbito lingüístico del español. En cuanto a lo de la adquisición de las costumbres "de los españoles", primero Rajoy y compañía tendrán que hacer un listado de las mismas. Esto sería bueno, porque nos daríamos cuenta entonces, incluso el propio Rajoy y compañía podrían darse cuenta, de que, en realidad, en España no existen españoles.
Lo que se debería hacer, en lugar de decir chorradas y hacer propuestas oportunistas que buscan el voto fácil, es sacar el debate del nivel de las costumbres y de las creencias y llevarlo al de los valores. En este caso existe un referente superior que es el de los Derechos Humanos, que mejor o peor recoge la legislación vigente en los países que han suscrito la Declaración, y es ahí desde donde debe afrontarse el fenómeno de la inmigración.
En resumen, a mí me gustaría que las mujeres musulmanas y las no musulmanas, incluso las mujeres del PP, se liberaran y que todas se quitaran todos los velos. Pero dudo que esto se consiga por las bravas. Además, los más difíciles de quitar son siempre los velos que no se ven.
JOSA FRUCTUOSO
En términos de adaptación, las opciones son dos: integración o asimilación. Yo, ya lo he escrito, desde una visión poco colorista y poco folclórica, entiendo que en la relación individuo-cultura el primero es el poseedor y la segunda es lo poseído. Y no al revés. Pese a que se suele entender lo contrario, las personas son poseedoras de cultura(s), la(s) cultura(s) no poseen a las personas. Por eso prefiero la asimilación y no me parece inconveniente que se cambie de cultura como se cambia de camisa. Puede incluso resultar higiénico. Más higiénico aún sería, si fuera posible, ir a pelo, sin camisa y sin cultura, pero asumo que no somos espíritus puros, que estamos donde estamos o venimos de donde venimos y que tenemos ciertos arraigos, ciertos hábitos que casi forman parte de la piel y que contribuyen de tal forma a la identidad, que perderlos resulta perderse. Hay gente, la mayoría, a la que no le gusta perderse y que, para evitar ese riesgo, se aferra a lo colectivo, a lo comunitario. Así se sienten seguros. Por eso la asimilación tiene tan mala prensa.
La vía de la integración es políticamente más correcta y todas las iniciativas persiguen ese objetivo. Unas por la vía de la disuasión, otras por las bravas. La propuesta programática del PP va en el último sentido, pero no es suficientemente valiente, además de intencionadamente confusa. Con un análisis superficial nos damos cuenta de que, en realidad, la propuesta no va dirigida a todos los inmigrantes (dejando aparte el dato del nivel económico), sino que va directamente dirigida contra los inmigrantes musulmanes. La exigencia de aprender español no se refiere ni a posibles y futuros beckams ni a los ingleses de Polaris World, y tampoco incluye a los inmigrantes procedentes de países del ámbito lingüístico del español. En cuanto a lo de la adquisición de las costumbres "de los españoles", primero Rajoy y compañía tendrán que hacer un listado de las mismas. Esto sería bueno, porque nos daríamos cuenta entonces, incluso el propio Rajoy y compañía podrían darse cuenta, de que, en realidad, en España no existen españoles.
Lo que se debería hacer, en lugar de decir chorradas y hacer propuestas oportunistas que buscan el voto fácil, es sacar el debate del nivel de las costumbres y de las creencias y llevarlo al de los valores. En este caso existe un referente superior que es el de los Derechos Humanos, que mejor o peor recoge la legislación vigente en los países que han suscrito la Declaración, y es ahí desde donde debe afrontarse el fenómeno de la inmigración.
En resumen, a mí me gustaría que las mujeres musulmanas y las no musulmanas, incluso las mujeres del PP, se liberaran y que todas se quitaran todos los velos. Pero dudo que esto se consiga por las bravas. Además, los más difíciles de quitar son siempre los velos que no se ven.
JOSA FRUCTUOSO
Fuente : www.laopiniondemurcia.es
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